Temporeros, derechos y dignidad: una realidad social

14/01/2026

Hablar de temporeros en la provincia de Jaén es hablar de una realidad que se repite cada año y que, sin embargo, sigue interpelándonos como sociedad. Durante semanas, las estaciones de autobuses, las calles y algunos espacios públicos se convierten en lugares de espera, incertidumbre y supervivencia para cientos de personas que llegan atraídas por la campaña de la aceituna. Detrás de esa imagen recurrente hay trayectorias vitales complejas, procesos migratorios largos y un entramado social que no siempre está preparado para dar respuesta.

En UniRadio Jaén abordamos esta cuestión desde una mirada amplia, pausada y profundamente humana, escuchando a quienes investigan y trabajan directamente con las personas temporeras. La conversación permitió trazar un mapa de la situación actual, identificar avances, señalar carencias y, sobre todo, poner nombre y contexto a una realidad que a menudo se observa desde la distancia.

Una mirada desde la investigación social

Mariana Gómez Vicario aporta una mirada fundamental desde la investigación educativa y social. Su trayectoria académica, centrada en los procesos de inclusión de personas migrantes, permite conectar la realidad de los temporeros con dinámicas más amplias de migración, derechos humanos y exclusión estructural.

Desde su experiencia investigadora, subraya que uno de los principales problemas sigue siendo la falta de vías legales y seguras para migrar. “Se vuelve a evidenciar la necesidad de que existan caminos legales, para que estas personas no tengan que arriesgar su vida para llegar a España”, explica. A ello se suma la falta de controles suficientes en los recursos de acogida y protección, una situación que, aunque más visible en el caso de menores migrantes, también se reproduce en la edad adulta.

Mariana señala que muchas de estas carencias están relacionadas con la ausencia de estándares mínimos de calidad: “Hablamos de ratios inadecuadas, problemas en la alimentación, falta de formación intercultural y situaciones de trato poco respetuoso que tienen mucho que ver con el desconocimiento de los códigos culturales”.

Temporeros que llegan “a la aventura”

Cuando el foco se sitúa en la campaña de la aceituna, la investigadora es clara: en Jaén no existe una contratación en origen generalizada. “Eso hace que muchas personas vengan a la aventura, sin contrato previo, sin alojamiento garantizado y sin saber si van a encontrar trabajo”, explica.

Aunque algunas personas repiten campaña con el mismo empleador, la ausencia de un contrato previo convierte esa repetición en una promesa verbal sin garantías. “Aunque te digan ‘el año que viene te espero’, si no hay contrato, sigue siendo venir a la aventura”, afirma. Esta situación genera una fuerte dependencia y dificulta que se denuncien abusos por miedo a no volver a ser contratados.

La experiencia desde el acompañamiento social

Desde la intervención directa, Rosa María Casado, responsable de proyectos con personas sin hogar en Inserta Andalucía, confirma muchas de estas realidades. Su trabajo diario permite observar cómo las condiciones laborales no siempre se ajustan a lo que figura en los contratos.

“Muchas personas trabajan más horas de las que aparecen reflejadas y cobran menos de lo que realmente les corresponde”, explica. Algunas incluso evitan repetir con el mismo empleador porque, una vez que existe confianza, “se les exige cada vez más por el mismo salario”.

A esta precariedad laboral se suma el problema de la vivienda. En España, a diferencia de otros países europeos, no existe una obligación general de facilitar alojamiento a las personas temporeras. “Cada vez son menos los empleadores que ofrecen un lugar donde vivir, y cuando lo hacen, no siempre es en condiciones dignas”, señala.

La cuestión de género aparece de forma inevitable. En la campaña de la aceituna en Jaén, la presencia de mujeres temporeras es mínima. “Es un sector en el que históricamente no se ha permitido la participación de las mujeres”, explica Rosa, apuntando a una combinación de tradición, roles de género y mecanización del trabajo agrícola.

Mariana confirma que, aunque en otras campañas agrícolas de España las mujeres tienen mayor protagonismo, en Jaén la figura del temporero sigue siendo mayoritariamente masculina, reforzando un modelo laboral profundamente desigual.

Uno de los obstáculos más determinantes es el idioma. Mariana explica que muchas personas no solo desconocen el español, sino que tampoco hablan lenguas vehiculares como el francés o el inglés. “Hay personas que solo hablan wolof, bambara o pular, lenguas para las que ni siquiera existen traductores automáticos”, señala.

Esta barrera lingüística limita el acceso a recursos, dificulta la comprensión de derechos laborales y aumenta la dependencia de terceros. Rosa añade que, aunque muchas personas llegan acompañadas y se ayudan entre ellas, “el idioma sigue siendo una barrera clave para seguir los protocolos y aprovechar los recursos disponibles”.

Jaén como espacio de acogida

A pesar de todas las dificultades, uno de los aspectos más llamativos es la percepción que las propias personas temporeras tienen de la ciudad. Mariana relata que, en sus entrevistas, muchos afirman que “Jaén es la mejor ciudad de España, donde mejor se les trata”.

Esta percepción se explica por el esfuerzo coordinado del tercer sector y de la ciudadanía. Inserta Andalucía, Cáritas, Cruz Roja y otras entidades ofrecen desayunos, duchas, lavado de ropa, orientación laboral y espacios de descanso. “Nuestro centro de día tiene un aforo habitual de 20 personas, pero en campaña hemos llegado a atender a más de 30”, explica Rosa.

Sin embargo, el sistema se ve desbordado. Las personas llegan cada vez antes y los recursos no siempre están preparados. “Los albergues abren tarde y las plazas son limitadas. Además, en algunos casos solo se permite la estancia durante tres noches, aunque haya plazas libres”, denuncia Mariana.

Más allá de la campaña agrícola, existe una historia previa que condiciona profundamente la experiencia de los temporeros: el tránsito migratorio. Mariana recuerda que, en muchos casos, “la etapa más dura no es ni el país de origen ni la llegada a España, sino el tránsito”, que puede prolongarse durante años.

Relata testimonios de personas que han pasado por campamentos en Marruecos, por el desierto, por redes de tráfico de personas y por situaciones extremas de violencia. “Llegan con una mochila traumática enorme, que no desaparece cuando consiguen trabajo”, explica.

Durante la conversación también se reflexiona sobre los prejuicios sociales que pesan sobre las personas temporeras. La sorpresa al verlas con un móvil o con ropa aparentemente nueva revela estigmas profundamente arraigados. “Son personas trabajadoras, como cualquiera de nosotros, y necesitan un móvil para comunicarse, buscar empleo o hablar con sus familias”, recuerda Rosa.

Mariana insiste en que la idea de que “reciben muchas ayudas” no se corresponde con la realidad. “Cualquier persona en situación de vulnerabilidad puede acceder a recursos, pero eso no significa que vivan mejor ni que tengan garantizados sus derechos”, señala.

Investigación y compromiso social

El encuentro deja claro que la investigación universitaria y el trabajo social deben caminar de la mano. La colaboración entre universidad y tercer sector permite visibilizar problemas, generar conocimiento y proponer mejoras reales. “Sin el apoyo de las entidades sociales, esta investigación no habría sido posible”, reconoce Mariana, agradeciendo el acompañamiento recibido durante su trabajo de campo.

Desde UniRadio Jaén, este tipo de espacios reafirman el papel de la radio universitaria como herramienta de divulgación, reflexión y compromiso social. Dar voz a quienes investigan y acompañan estas realidades es una forma de contribuir a una sociedad más informada, más justa y más consciente.